Orlando Arocha: “No quisimos convertir la taquilla en un verdugo”

A pesar de que la economía y la emigración son grandes obstáculos, el equipo de La Caja de Fósforos continúa trabajando para ofrecer programación crítica y se mantiene enfocado en la formación.

Se escuchan gritos desgarradores, tambores que retumban en todo el espacio. Muchachos pasan afanosamente cargando utilería o vestuario, enfocados en su trabajo a tal punto que cada uno parece vivir en un mundo independiente, pero muy conscientes de no perturbar el de los demás.

Así se trabaja en los ensayos de La Caja de Fósforos, de la que Orlando Arocha es uno de los principales pilares. Actualmente dirige una de las obras que se presentan en el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense.

—¿Cómo ha sido la recepción del público con la programación de La Caja de Fósforos?

—Desde el comienzo el público no nos ha abandonado, siempre ha estado aquí con nosotros. Es curioso, desea saber qué habrá acá, está interesado en descubrir nuevas propuestas dramatúrgicas y de puesta en escena. Incluso en momentos difíciles en los que ha habido protestas y que la ciudad ha estado colapsada. De hecho, en los cinco años que tenemos acá solo hemos parado función unas tres veces, y una de ellas fue por la enfermedad de un actor.

—¿Cuáles son las obras favoritas de la audiencia?

—Depende; a pesar de que hay un núcleo constante, siempre varía con la obra. De repente hay obras que han llamado la atención, con las que nosotros esperábamos menos afluencia de público y resulta que han traído mucha gente. Pero podemos decir que hay varias cosas que llaman la atención, por ejemplo los grandes clásicos, o las obras muy contemporáneas. O algunas obras en las que lo musical entra en ellas.

—¿Hay talento joven que apuesta por quedarse en el país trabajando?

—Sí, hay mucha gente que se nos ha ido, mucho talento. Pero también hay mucho talento que se está renovando constantemente, gente nueva que está entrando. De hecho, el festival tiene cinco directores emergentes, que ya han dirigido, pero siguen en esta etapa de formación. Y actores son muchísimos. Y no tan jóvenes también hay muchos que nunca habían participado con nosotros, que ahora están con nosotros por primera vez.

—¿Es sencillo trabajar con los cambios en el personal que genera la emigración?

—No, no es sencillo porque te obliga a ser más permeable. Hay núcleos de gente que se nos ha ido, que han trabajado con nosotros durante muchos años. Hemos tenido que incorporar gente nueva que nos ha traído muy buenas sorpresas.

—¿Cómo trabajan con una dinámica de temporadas cortas?

—Cinco semanas. Bueno, siempre estamos preparando, montando unas encima de las otras. Una obra está dando su primera temporada y ya la otra ha sido ensayada simultáneamente.

—¿Considera necesario seguir trabajando en las artes a pesar de la situación del país?

—Más que nunca, la crisis implica, por el contrario, que tenemos que abrir más, potenciar lo que hacemos. Porque las necesidades son mayores, tanto de nosotros como del público. La necesidad de expresarse, de estar haciendo algo, de mantener esa llama encendida. Si algo nos ayuda a nosotros a pasar la crisis es el teatro. Creo que es el momento en el que se hace más necesario, más alimenticio, más nutritivo, a la larga.

—¿Cuál es el arte que está hablando más de lo que sucede en el país?

—Las artes escénicas, en especial el teatro, habla mucho. A diferencia de otras como la música o tal vez la danza, el teatro maneja lectura, ideas, discurso, conceptos. Esto hace que tenga un potencial enorme para hablar del país. No quita el mérito a otras artes, pero  si hay un arte que nació para hablar de la situación de un conglomerado humano ha sido el teatro. Digamos en occidente, en Grecia, hay un teatro sumamente cargado de la polis, de lo que estaba ocurriendo, y yo creo que el teatro tiene que cumplir ese rol en Venezuela.

—¿El precio de los boletos cubre los costos de producción o deben recurrir a patrocinios?

—Tenemos absolutamente que hacernos acompañar por patrocinios o ayudas. Nosotros no quisimos convertir la taquilla en un verdugo. Los teatros que viven de la taquilla, normalmente, tienen que ceder ante mucha presión, una presión muy grande. Nosotros hemos conseguido sponsors, y amigos que nos permiten justamente eso. Y unos grandes patrocinantes son los mismo artistas, que saben que sus honorarios van a estar muy disminuidos, y no será lo que merecen o lo necesario en tiempos de crisis.

—¿Qué es lo más difícil de hacer teatro ahora?

—En cuanto a lo financiero, conseguir los recursos y que no se los devore la inflación. En lo artístico, mantener el interés del público hablándole de lo que quizá no quiere escuchar, o que está harto de hablar de eso. Entonces hay que abordarlo de una manera creativa, de una manera interesante. Ese es el reto.

—¿Cuál es la obra que siempre ha querido montar?

—Tengo años queriendo montar Timón de Atenas de Shakespeare.

Si hay un arte que nació para hablar de la situación de un conglomerado humano ha sido el teatro.

—¿Por qué recurrir a la dramaturgia estadounidense, qué nos cuenta a los venezolanos?

—Esa dramaturgia tiene varias características muy importantes. Primero es enorme, hay mucha; segundo, es una dramaturgia con formación, hay muchos lugares, universidades, colegios en los que te puedes formar; por tanto, es una dramaturgia que se discute a sí misma. Luego, es muy crítica y lo es con el propio país; es decir, mira a Estados Unidos no con complacencia, para felicitarlo. No, mira a su país para señalar las llagas, las heridas, las incongruencias, los demonios que pueda tener. Nos interesa mucho porque necesitamos una dramaturgia potente, que esté formada, que sea mayor, publicitada, promovida y a la vez crítica del país, con mucha libertad. Y esa es la gran enseñanza, que miran a su país sin ningún tipo de censura, y lo dicen con todos sus errores y todas sus monstruosidades.

—Cómo se siente usted con el proceso de formación que ofrecen en La Caja de Fósforos?

—Muy bien, muy contento. Porque, además, es un espacio de formación en la práctica, no es una cosa teórica académica; aunque tiene sus aspectos académicos y teóricos, y luchamos porque así sea, y se consolide, que la gente discuta, lea, pero practicando. Entonces esos directores han sido asistentes, pasaron por el proceso de diseño, de vestuario. Creo que tienen una apertura y un conocimiento amplio de lo que deben dirigir. Eso para nosotros es un puntal, es básico, una de las bases de La Caja y todas sus temporadas es ser crítico y formativo.

—¿Con qué viene La Caja de Fósforos en el último trimestre?

—Culminamos con el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense y tendremos una obra alemana, muy particular. Además, seguramente haremos una reposición de alguna de las obras que hemos presentado durante el año.

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Artículo escrito por Mercedes Rolingson Febres y publicado originalmente en El Nacional.

Sala de teatro ubicada en La Concha Acústica de Bello Monte, Caracas – Venezuela.

Comments
  • Carlos Rivera
    Responder

    La Cajas de Fósforos es el ejemplo de lo que todos debemos hacer en Venezuela: esforzarse para dar lo mejor, trabajar con pasión, amor, entrega absoluta, transmitir optimismo y esperanza, amar el país a través de lo que se hace.
    Gracias por esa magnífica labor de creación y por convertirse en un lugar de permanente encuentro. Jamás abandonen lo que hacen. Tienen nuestro total e incondicional apoyo.

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