La falsa compasión que ofrece la nueva alta sociedad

La falsa compasión que ofrece la nueva alta sociedad

No pocos son los que tienen la oportunidad de ofrecer ayuda a los que no corren con su misma suerte. Personas con grandes empresas y fama, a las que les gusta donar pequeñas partes a fundaciones o personas conocidas que necesitan de su apoyo. Pero, ¿todos lo hacen con la misma intención? ¿Es solo ayudar por impulso, o más bien una manera de reafirmar su supuesta «superioridad»?


Entre espejos que reflejan al público y a sus actores, en un espacio que funciona a la vez como una lujosa mansión y modesta casa de un carpintero, se encuentra sumergido el texto escrito por la francesa Marie NDiaye en 1999. Se trata de Hilda, la segunda pieza que se presenta hoy a las 3:00 pm, en función privada, en el II Festival de Dramaturgia Europea, en la sala El Dedal de la Caja de Fósforos, ubicada en la Concha Acústica de Bello Monte, bajo la dirección de Ricardo Nortier.

En Venezuela muchos han sido los términos que le se le han atribuido a aquellos que de un día para otro han forjado una gran fortuna, gracias principalmente a sus conexiones con el Gobierno actual. «Enchufado» o «Bolichico», son algunos de los que se pueden destacar. En resumen, son unos nuevos ricos que, haciendo malos negocios, ahora son dueños de grandes empresas y terrenos. La referencia viene a colación para explicar lo que significa el personaje protagónico de Hilda, obra en la que Madame Lemarchand -interpretada por Diana Volpe-, bajo una ideología de izquierda, no hace más que tapar sus miserias propias explotando y haciendo sentir menos a los de la clase baja.

Dependiente y obsesionada con las señoras de servicio, esta mujer busca a una nueva, que sea tan bella como ella, y que dé todo por amar y cuidara sus hijos. Al final, termina separándola de su esposo e hijos, y se la lleva de viajes, presentándole una vida de lujos solo para llenar su vacío. Su infelicidad y mediocridad hizo que la familia de Frank Meyer, representado por Aitor Aguirre, llegue a su fin. Dando el trabajo de sirvienta a Hilda, maltratándola siempre con la excusa de que ninguna otra persona la trataría como ella lo hace, y que la familia debería estar agradecida solo porque el pago que le da.

Migajas es lo que en verdad lanza Madame Lemarchand a Hilda, comparables con las que lanza un Gobierno a un país a través de cajas, y se relaciona también con el agradecimiento que pretenden que el pueblo le tenga por solucionar problemas ocasionados por su mala gestión.

Cualquier parecido de este texto francés con el país es mera coincidencia.

Artículo de Carolyn Manrique para El Universal | Foto: Alberto Gulin